El forrajeo urbano no es un juego de supervivencia: es botánica aplicada con reglas estrictas de seguridad. Antes de recolectar nada, identifica tres fuentes fiables para cada especie (guía local, taller comunitario, herbario verificado) y descarta zonas con tráfico intenso o historial industrial.
Prioriza plantas perennes conocidas — diente de león, malva, ortiga joven — y evita setas salvo que tengas identificación experta presencial. Lava todo con agua potable y cocina cuando haya duda sobre parásitos.
En Modo Survival compartimos mapas colaborativos por barrio: dónde hay moreras, higueras o aromáticas abandonadas. Cada entrada lleva foto, fecha y nota sobre propiedad privada o espacio público. Nunca recolectes en jardines ajenos sin permiso explícito.
Este conocimiento complementa, no sustituye, una despensa bien planificada. El objetivo es reducir pánico y errores cuando la logística urbana se ralentiza.